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Viernes, 04 de Marzo de 2016 09:05 Editor Elsurhoy

El presente artículo es publicado en EquilibrioInternacional.com bajo la expresa autorización de su autor.Un fenómeno político recorre Estados Unidos, no es el efecto Bernie, tampoco la idea de que por primera vez una mujer pueda ser presidenta (Hillary Clinton), menos aún que dos candidatos con ascendencia latinoamericana (Ted Cruz y Marco Rubio) estén disputando las primarias republicanas, el fenómeno político tiene nombre y apellido, se llama Donald Trump.
 
 
(Por Andres Gomez Polanco *) - 
 
 
 
El multimillonario ha conseguido hasta el momento obtener 82 delegados al ganar tres de los cuatro Estados disputados hasta el momento (New Hampshire, Carolina del Sur y Nevada) y quedando en segundo lugar en Iowa. A través de un discurso maniqueo y polarizador alrededor de temas como la inmigración ilegal, la construcción de un muro en la frontera que México pagará, la deslegitimación de la clase política y la apelación nacionalista a la gente para reconstruir el sueño americano. Donald se presenta como un outsider anti-establishment, con un discurso anti-statu quo desde la derecha, que promete el renacer de la grandeza americana, construye identidades políticas en torno a la edificación de enemigos a los cuales ataca y responsabiliza por la desgracia de la nación, estos son: los inmigrantes ilegales (narcotraficantes y asesinos), México y China que se llevan los trabajos del pueblo estadounidense, la clase política ilegítima, ineficaz y mediocre (republicana y demócrata), y las empresas transnacionales poco patrióticas (farmacéuticas, aseguradoras, Apple) que con sus lobby se aprovechan de la nación.   
 
El racista y xenófobo Trump no tiene reparo en decir que él fue lobbista para favorecer a sus empresas, financió a candidatos demócratas y republicanos, por ende, él sabe la corrupción e ineficacia del sistema, y al ser el único candidato que financia su campaña no tiene ataduras ni responde a intereses que no sean los del pueblo americano. Donald espectaculariza la política, con sus teatralidad en los debates, sus respuestas ingeniosas, su retórica incendiaria, sus insultos y ataques a los demás candidatos, y su estilo políticamente incorrecto. En otras palabras, se ha convertido en un fenómeno político-electoral y mediático que opaca y ridiculiza a los demás pre-candidatos republicanos, que no están a la altura para disputar la hegemonía a Trump. 
 
Por consiguiente, la irrupción de Trump ha pateado el tablero de la política estadounidense, pero, sobre todo, del Partido Republicano que cuando lanzó su candidatura lo consideraban un candidato estrafalario, que solo serviría para despertar burlas y sonrisas, sería una anécdota graciosa de las primarias, y poco a poco se debilitaría y abandonaría la carrera. Donald Trump no es el candidato del establishment ni de las elites republicanas, tampoco es un revolucionario de izquierda, es un hombre de negocios, un outsider pragmático y ultraconservador. Pero, definitivamente, no es el candidato de la estructura del partido, de la estirpe republicana, ese candidato era Jeb Bush, que a inicios del 2015 tenía prácticamente asegurada la nominación republicana, incluso se hablaba de una nueva lucha entre las dos dinastías dominantes de la política estadounidense, los Bush versus los Clinton. Sin embargo, apareció, de la nada, el huracán político llamado Trump y barrió con los sueños del ex Gobernador de la Florida, que recientemente ante los malos resultados, abandonó la competencia.   
 
Igualmente, el precandidato Chris Christie, quien también es uno de los preferidos por el statu quo republicano, hace pocos días renunció a su candidatura y endosó su apoyo a la candidatura del multimillonario racista. Después del super-martes donde se disputa la precandidatura en 11 estados, seguramente Bernie Carson, si los resultados no lo acompañan renuncie a su candidatura, e incluso puede endosar su apoyo a Donald. De tal manera que los únicos dentro del Partido Republicano que probablemente van a disputar la nominación presidencial con Trump serán Ted Cruz y Marco Rubio, quienes no representan ninguna esperanza de moderación y prudencia, al contrario son miembros del ala más conservadora del partido (Tea Party), que ante el discurso incendiario de Trump parecen más centrados, pero en realidad son ultraconservadores ortodoxos y radicales.
 
Esta radicalización conservadora del Partido Republicano comenzó en la presidencia de George W. Bush (2000-2008) donde los halcones y los neocon dirigieron el gobierno, invadieron Irak y Afganistán, liberalizaron sin escrúpulos el mercado, lo cual derivó en la crisis del 2008, reposicionaron el excepcionalismo intervencionista estadounidense, y dejaron un legado cuesta arriba para el presidente Obama. Que ante los desafíos económicos, geopolíticos, 2 guerras a cuesta, un déficit fiscal por las nubes, recesión económica, desempleo y la amenaza terrorista siempre presente tardó los 8 años de sus dos mandatos en estabilizar la macroeconomía. Además de  volver a crecer, generar empleo, salir de Iraq y Afganistán, reposicionar la imagen estadounidense ante el mundo, y utilizar la diplomacia y no solo las bombas en las relaciones internacionales. Pero este proceso de estabilización fue doloroso para la gente y la clase media americana que todavía no sienten los resultados en sus vidas cotidianas, por ende, la frustración y la desesperación se reflejan en el auge de candidatos extremistas como Trump, Rubio o Cruz.   
 
The Great Old Party, GOP, como se conoce al Partido Republicano no ha podido construir un liderazgo ni un propuesta moderna, moderada, plural, eficaz e incluyente en los 8 años que ha estado en la oposición. En contraposición, los liderazgos que han emergido se han caracterizado por su radicalismo, extremismo, superficialidad y fundamentalismo, tale es así que el Tea Party se ha apoderado del partido. “Figuras” como Sarah Palin y Donald Trump son los liderazgos más representativos del GOP, lo cual demuestra la decadencia y desolación en la que ha entrado el partido de Lincoln, Eisenhower y Reagan. Los republicanos tienen que evolucionar, adaptarse a los nuevos tiempos, moderar o dejar a un lado las ideologías arcaicas y los atavismos mentales retrógrados, abandonar las posturas cavernarias. Y construir propuestas y liderazgos incluyentes  y diversos, que se acoplen a la sociedad estadounidense que ha dejado de ser mayoritariamente blanca, protestante y anglosajona, para ser multicultural. Caso contrario el Partido Republicano al excluir a la comunidad latina –cada vez más creciente-, a las minorías sexuales, los inmigrantes, la comunidad científica (al negar el cambio climático-Ted Cruz), y al promover la guerra como única estrategia geopolítica reduce su electorado, representatividad y legitimidad a los ciudadanos fundamentalistas, alejando al ciudadano de clase media común y corriente.
 
Si esta dinámica de auto-destrucción sigue así, el Partido Demócrata será el principal beneficiado y puede hacer historia en seguidilla ya que el Presidente Obama fue el primer presidente afro-estadounidense, Hillary Clinton puede ser la primera mujer presidenta de la historia. Y los hermanos Castro, no Fidel ni Raúl, sino Joaquín y Julián Castro pueden ser uno de ellos elegido binomio vicepresidencial de Hillary, y catapultarse políticamente para que en el mediano plazo, pueda haber el primer presidente latinoamericano en la Casa Blanca. 
 
En conclusión, el fenómeno Trump es el reflejo de la decadencia del GOP y de la necesidad de una renovación absoluta, una vez que este logre la nominación y sea derrotado por Hillary Clinton. Porque dicho sea de paso Bernie Sanders, para este autor, más allá de su acertado discurso y buenas intenciones, perdería frente al magnate racista, dada su incapacidad para aglutinar a los votantes republicanos e independientes al catalogarse a sí mismo como socialista, Hillary al prometer una reforma sin salirse del sistema si podría captar dicho voto y derrotar a Trump. O en su defecto, Marco Rubio y Ted Cruz podrían llegar a una alianza para que uno de ellos decline su candidatura y endose su apoyo al otro como vicepresidente para derrotar a Donald en las primarias republicanas. Aunque como recientemente expresó el ex Presidente demócrata Jimmy Carter “Ted Cruz y Marco Rubio son más peligrosos que Trump, ya que ellos si creen y no dudarían en implementar todas las políticas ultraconservadoras. Mientras que Trump, tal vez, solo utilice sus discursos incendiarios para captar el voto del enfado, pero, una vez en el poder, será lo que realmente es, un hombre de negocios, totalmente pragmático”.
 
Finalmente, en algo tiene razón el magnate inmobiliario y racista Donald Trump, tal vez es lo único en lo que tiene razón y ha utilizado el sentido común, y eso es que, tal como lo dijo en el debate republicano de Texas “El Partido Republicano tiene que renovarse o morir”.
 
* Andrés Sebastián Gómez Polanco. Politólogo. Quito, Ecuador. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

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